Tillerson dio la espalda a los derechos humanos

Tillerson dio la espalda a los derechos humanos

El día que el secretario de Estado Rex Tillerson dio la espalda públicamente a uno de los pilares de la política exterior de Estados Unidos –el papel de defensor inquebrantable de los derechos humanos– valientes venezolanos estaban arriesgando sus vidas para luchar por sus libertades civiles y su Constitución.

Están matando a nuestros hijos”, dijo a la prensa un manifestante en medio de la violencia luego de un día más en que las protestas de cientos de miles de venezolanos fueron recibidas por el gobierno con despiadada represión.

La cuenta de los muertos reportados había llegado a 37 según Reuters; muchas de las víctimas eran estudiantes universitarios y jóvenes.

Muy cerca ya de consolidar el poder absoluto, el gobernante Nicolás Maduro respondió a los asesinatos perpetrados por su guardia nacional y sus fuerzas paramilitares bailando ante las cámaras de la televisión nacional mientras sus esbirros atropellaban a los manifestantes con carros blindados y mataban a tiros a un manifestante adolescente, Armando Cañizales, de 17 años.

Era difícil de imaginar, hasta ahora, una administración estadounidense cruzada de brazos ante los abusos de los derechos humanos de sus vecinos en el hemisferio.

Cuba, envalentonada por la retención del poder por parte de Maduro, también reforzó su aparato represivo, encarcelando a más disidentes y disparando a uno de ellos.

Mientras tanto, ¿qué hacía el secretario de Estado de la administración de Trump?

Pronunciando un discurso público ante su personal en el cual anunciaba al mundo que la política exterior “Estados Unidos primero” (”America First”) significa que EEUU no condenará las violaciones de derechos humanos, si hacerlo obstaculiza los intereses de negocios y seguridad nacional estadounidenses.

Defender los derechos humanos en el extranjero, dijo Tillerson el miércoles, “crea obstáculos” a los intereses de EEUU.

En algunas circunstancias, si la condición de nuestros esfuerzos de seguridad nacional es que alguien adopte nuestros valores, probablemente no podremos alcanzar nuestras metas de seguridad nacional. Eso crea verdaderos obstáculos a nuestra capacidad de salir adelante con nuestros intereses de seguridad nacional y nuestros intereses económicos”, dijo Tillerson.

Su discurso provocó de inmediato, y con toda razón, reacciones de condena por parte de activistas por los derechos humanos.

La administración de Trump está “tratando de borrar literalmente los derechos humanos delante de nuestras narices”, dijo la directora ejecutiva de Amnistía Internacional EEUU Margaret Huang en un comunicado de prensa.

Sus propias acciones y las de sus subalternos muestran un peligroso desdén por la libertad, la justicia y la igualdad en todo el mundo. Es más importante que nunca que nos pongamos de pie y resistamos todo esfuerzo por erosionar los derechos humanos tanto en nuestro país como en el extranjero”.

En este hemisferio, sus palabras son un duro golpe a los combatientes por la libertad de Venezuela y Cuba, y otorga a los déspotas el permiso para reprimir libremente sin miedo a las sanciones y la desaprobación de Estados Unidos.

Tillerson, quien luego trató de mitigar sus palabras y se refirió a los derechos humanos como algo que seguía siendo “un valor estadounidense”, podrá ser un experto en el comercio del petróleo, pero es un burro como estadista.

Los derechos humanos no son algo preciado sólo para los estadounidenses. Son derechos que pertenecen a todas las personas del planeta.

Y países que no velan por ellos y no denuncian las violaciones hacen posible que los tiranos lleven a cabo sus actos despreciables y se aferren perpetuamente al poder.

Lo mismo que otras naciones que se hacen de la vista gorda ante semejantes violaciones, Estados Unidos hará ahora el papel de cómplice.

Esa idea es despreciable. Pero ¿qué otra cosa se puede esperar del Departamento de Estado de un presidente que se pavonea acompañado de dictadores por la Casa Blanca y su residencia de Mar-a-Lago, y que ha elogiado a una lista infame de dictadores en cuyos países él hace negocios?.

El ejemplo más reciente son los abundantes cumplidos que Trump hizo a Rodrigo Duterte, de Filipinas, mientras que él y su hija Ivanka aparecían en un anuncio de un proyecto de Trump en Manila publicitado por un blog del Departamento de Estado (y retirado luego que fue puesto al descubierto por el Washington Post).

Trump llamó asimismo para felicitar al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, –quien ha encarcelado a miles de opositores políticos y periodistas– por pasar un referendo que solidifica aún más sus poderes ya descomedidos.

Al notificar a los déspotas del mundo que los derechos humanos no son una prioridad para la administración de Trump, Tillerson le hizo un regalo a Maduro en su momento más sombrío.

Los intereses petroleros de Estados Unidos son más importantes que las vidas de los venezolanos.

Qué vergüenza.

Y lo mismo vale para nuestro vecino el dictador Raúl Castro –cuyo clan se prepara para seguir en control cuando el segundo hermano haga su salida de la escena política.

Las palabras de Tillerson le dan carta blanca para que siga adelante con la represión sistemática que ha mantenido en el poder a los Castro durante los últimos 58 años.

Y, de ese modo, Estados Unidos dice hasta la vista a su papel de líder mundial de los derechos humanos.

 

 

Fuente: Fabiola Santiago: fsantiago@miamiherald.com, @fabiolasantiago

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